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LA SOLEDAD, MODELO PARA ARMAR

Uno de los primeros cuentos largos que escribí fue "Soledad sin pena". Tenía 11 años y la anécdota me la había contado mamá de su propia infancia, que yo veía tan lejana y distinta a la mía. Recuerdo que me esforzaba en recrear a la niña que había sido mi madre, para entenderla a ella y (hoy pienso) para entenderme a mí. El título me gustaba por su ambigüedad. "Soledad" era también el nombre de la protagonista, a quien su madre hacía traer del almacén pesados botellones de leche.

 Esta foto la saqué el año pasado en El Delta. Me quedo con su liviandad y su delicadeza.

Hoy me desperté pensando en la soledad y enseguida me acordé de ese cuento (que imprimí en color rosa viejo: el color en que veía la historia).
Me desperté sabiendo que no tendría que prepararle el desayuno a mi hija, que está de vacaciones con su papá; preguntándome cómo organizar mi tiempo ahora que no está el de ella. Tengo una larga lista de cosas para hacer y no sé por dónde empezar. Elegí sentarme frente a la computadora y escribir. Lo que no suelo hacer con la excusa de "falta de tiempo". Hoy parece que no tengo excusa aunque sí una casa desordenada y los párpados algo hinchados.
Siempre pensé que la soledad se construye. Igual que la libertad. Nunca están dadas. Lleva tiempo y paciencia aprender a encontrar las piezas y los huecos donde van los distintos momentos de nuestra vida. Se necesita mucho más que estar solo para construir la soledad. Estar solo no significa nada. Sin embargo, como escribió Marguerite Duras, la soledad significa. Tenía razón también cuando decía que la soledad es un inmenso territorio. Es una superficie que se construye, sobre la que podemos recostarnos, a la que podemos destruir, invadir y empezar de nuevo. 
Ahora que lo pienso siempre busqué una soledad sin pena. Una soledad que me enseñara a estar conmigo misma, incluso en una multitud. Y que también me ayudara a aceptar los huecos, esos espacios vacíos donde pensamos que vamos a perdernos y sin embargo el tiempo pasa y el fondo no era tan oscuro.
La soledad significa pero en un idioma que cada uno deberá traducir en su interior. La soledad es siempre íntima pero no por eso privada. Nos pertenece a todos porque a todos nos hace sentir, alguna vez, su espacio. A todos nos convoca el poder de su territorio.
Quizás por esa misma razón, dice también Duras, nunca se está solo.

6 comentarios

  1. Sofiii, justo ayer pensaba qué ganas de leer un post de Place de la Folie ❤️ Me encantó, comparto lo que decís de la soledad y agregaría, modestamente, a la frase de Duras: “Nunca se está solo” y siempre se está solo.

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    1. ¡Gracias amiga querida! Sí, comparto la verdad de los dos enunciados y se me ocurre una tercera variante: nunca se está lo suficientemente solo. ¡Abrazo!

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  2. Soy María Angélica, la Lola! Me siento tan identicada con lo que escribiste. Y la querida Duras que de soledad algo
    sabía! Amé eso de “ soledad sin pena” Abrazo Sofía!

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    1. ¡Gracias María Angélica! Me sorprende que siendo tan chica haya pensado en ese título, que me sigue gustando. Y pensar que ahora me cuesta tanto escribir. Las palabras son traicioneras. ¡Abrazo!

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  3. Sofi, hermoso post! tan cierto...no soy una persona solitaria, al contrario, pero siempre necesito de mi espacio de soledad...que hace tiempo la construyo y alimento, sentirse bien en soledad es sentirse bien con uno mismo, siento que quien busca siempre estar rodeado en el fondo tiene miedo de encontrarse a sí mismo. Beso enorme, Vicky

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    1. ¡Gracias Vicky querida! Sí, hace falta alimentar la soledad y animarse a perder el miedo a uno mismo. Ese miedo se disfraza de otros miedos que después no logramos identificar. Todo empieza por uno. ¡Abrazo!

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