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UNA VOZ PROPIA: AGUSTINA FERNÁNDEZ

Agustina habla y la voz se le quiebra, carraspea, brilla, se le escapa. Sin embargo, su "voz ronquita", como cuenta que le dijo la escritora Hebe Uhart, se adhiere a la memoria y no hace falta que encienda el grabador para recordarla. A los 25 años, fascinada por los personajes femeninos fuertes, decidió lanzar GATA FLORA, una revista de vanguardia cultural pensada para mujeres. Desde entonces su voz se multiplicó, tomó vuelo propio y dio visibilidad a muchas otras voces.

Retrato de Agustina por Sol Levinas

Sus seres queridos la llaman Guchy y así es como firma algunas de las fotografías que saca para su revista. Si bien detesta el modelo de "mujer multitasking", Agustina no solo dirige GATA FLORA sino que también escribe, edita, realiza entrevistas, saca fotos, además de todas las tareas que implica sostener una publicación que, desde su relanzamiento en 2016, no tiene ni una sola publicidad. La decisión, cuenta Agustina, no solo fue estética sino ideológica. ¿Cómo lograr una convivencia entre los diversos mensajes que transmiten las marcas con la filosofía de la revista? Leer GATA FLORA es una experiencia transformadora, donde uno puede encontrarse con el trabajo de mujeres y hombres talentosos, perseverantes, soñadores. Cada ejemplar incluye un dossier dedicado a la mujer que aparece en la tapa, realizada por Sofía Noceti, directora de arte de la revista. El resultado de esta dupla creativa es poesía pura por donde se la mire.


Últimos cinco ejemplares de GATA FLORA 

El primer ciclo vital de GATA FLORA comenzó en 2007 y se cerró en 2010, un año fundamental para Agustina que incluye el nacimiento de su primera hija, Chloé. Hasta la reaparición de la revista, seis años más tarde, fue colaboradora en La Nación y escribió su primera novela: Retrato de una mala madre, que publicó en la Editorial Bärenhaus en el 2016. Sumergida en la experiencia de su propia maternidad (y embarazada de su segunda hija, Rita) logró darle voz a Ignacia, la protagonista, para contar una historia terrible que atrapa desde la primera línea: -Maté a mi hijo- retumbó su voz en aquel gran baño blanco. Lo que sigue a esta confesión es una historia que deja en evidencia los rincones más oscuros de la maternidad y los fantasmas que la acechan.

Ed. Bärenhaus. 2016

Aunque le interesa explorar distintas formas de la maternidad (incluso las más difíciles y tremendas) Agustina celebra ser mamá. Cuando habla de sus hijas sus ojos se vuelven todavía más claros, transparentan el amor que siente por esas dos pequeñas de flequillo cortísimo y risas contagiosas. Hace un tiempo mandó a hacer un escritorio amplio para poder compartir con ellas su espacio de trabajo. GATA FLORA forma parte de su vida cotidiana y la de su marido, Claudio. A veces, nos cuenta, las cajas de las revistas invaden su living y hay que organizar los envíos a todo el país. Las nenas ayudan, aprenden del oficio de su madre, de su libertad, de su pasión. "Soy una trabajadora de la escritura" se autodefine sin timidez, aunque dice ser muy tímida. 




Escenas de la vida familiar
El escritorio de Agustina y las miradas intensas y maravillosas de Chloé y Rita

Cuando era chica le gustaba disfrazar a su hermana menor, Manuela, y sacarle fotos. Incluso antes de empezar a escribir, los relatos visuales forjaron su imaginario y su curiosidad por las vidas ajenas. Le llaman la atención esas "existencias" (así las llamó ella) que se animan a construir un camino propio y, al hacerlo, van dejando las huellas de sus universos íntimos y fascinantes. Universos donde la infancia siempre tiene un lugar central; quizás porque en ella, como dice el filósofo italiano Giorgio Agamben, se encuentra la potencia de una experiencia pura. 
Los viajes alimentan su encuentro con esos universos. Lleva siempre un cuaderno, donde toma nota de todo, y puede perderse horas en la tienda de un museo revolviendo estantes y anotando nombres e ideas para el sumario de GATA FLORA. "Soy una compulsiva de las listas" asume otra vez sin timidez y su mirada se pierde en el recuerdo de alguno de esos viajes.


Chloé y Rita en el Mercado do Bolhão en Porto, Portugal


"Humanidad" es otra de las palabras de Agustina. Es eso lo que busca en cada historia que comparte, lo que tienen un común los hombres y mujeres que aparecen en GATA FLORA pero también en su novela y en sus fotografías. Ante esa palabra sus ojos se iluminan de nuevo y uno entiende qué es lo que la moviliza profundamente, por dónde van sus búsquedas interiores, qué es lo quiere atrapar.
"Porque todas necesitamos un cuarto propio" es el lema de GATA FLORA y el espíritu de Virginia Woolf no sólo se encuentra en esas seis palabras sino que atraviesa eso que GF (GATA FLORA pero también Guchy Fernández) quiere "atrapar" de la existencia. Woolf lo llamaba "el halo luminoso de la vida" y es eso mismo lo que encontramos en la voz propia de Agustina y en las que visibiliza.




* Todas las fotos de este post, a excepción del retrato realizado por Sol Levinas, pertenecen a Agustina Fernández. ¡Muchas gracias Guchy por compartirlas con Place de la Folie! 


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