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MIENTRAS ELLAS DORMÍAN

Cuenta Alice Munro que, cuando sus hijas eran muy pequeñas, solía usar el rato que duraran sus siestas (generalmente de una a tres de la tarde) para escribir. Supongo que es el gran desafío de todas las madres que queremos dedicarnos a lo que sentimos propio: cómo lograr el "famoso balance" en nuestras vidas, sin descuidar ninguno de nuestros tantos roles.
Andreja Vilotijevik, más conocida en el mundo 2.0 como Aviloti, es también partidaria de la "filosofía-Munro". Embarazada de su segunda hija, un día que fue decisivo buscó los pinceles y pintó. El resultado fue un precioso flamenco que hoy se ha convertido en su marca distintiva y que viaja de un hogar a otro, dejando sus huellas.


Andreja nació en Serbia pero vive en las Islas Canarias con su marido y sus hijas, Julieta y Simona. No sé de dónde habrá sacado su fascinación por los flamencos, pero sin duda logra transmitir algo mágico a través de ellos. Cabeza para arriba o cabeza para abajo, los flamencos de Aviloti hablan. Hablan los estados de ánimo, las emociones que seguramente atraviesa esta mujer que imagino divertida, encantadora. Pero sobre todo hablan una actitud, una manera elegante y a la vez sencilla de estar en la vida.





En una entrevista que le realizaron el año pasado, Andreja cuenta que su abuela solía guardar sus dibujos en paño y que, en algunas ocasiones, hasta escribía lo que había querido expresar con ellos. ¿Qué pintaría la niña Andreja? ¿Qué animales, cotidianos o exóticos, habrán visitado su imaginación de pequeña y habrán moldeado aquello que su mirada de mujer alcanza a ver hoy? ¿Qué de todo ese universo vivirán también sus hijas, a través de los pinceles de su madre, sus aventuras y recuerdos?





Como sus flamencos, las fotografías de Andreja también hablan. Nos cuentan una vida cotidiana alegre, cerca del mar y las montañas, rodeada de juguetes, cactus y muchos colores. Nos dicen que se puede. Que el tiempo también se inventa o, mejor aún, se dibuja. Que aparece precisamente ahí, en el instante en que todo se detiene y uno se entrega a lo que le gusta. En ese instante, para todos hay escondido un flamenco que espera adoptar la forma que su creador quiera darle. Solo hay que animarse a detenerse o esperar a que los niños se duerman.  



* Todas las fotos de este post pertenecen a Andreja Vilotijevik y fueron obtenidas de su cuenta de Instagram. ¡Muchas gracias Andreja por la inspiración que transmite tu arte y por permitirme compartirla!

1 comentario

  1. Amiga querida,al fin de vuelta. Me encantó conocer la historia de los flamencos rosas.

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