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PEQUEÑA NOTA SOBRE TIEMPO, MIEDO Y DESEO

¿Por qué nos demoramos tanto en hacer lo que más nos importa? ¿Quién nos hizo creer que hay tiempos perfectos y que vale la pena esperarlos? No hay tiempos perfectos. Hay voluntad, esfuerzo, dedicación. Los tiempos perfectos también se construyen. El futuro no los garantiza. ¿Por qué insistimos en creer que sí?
Apuesto a que la respuesta más atinada es el miedo. El miedo es lo que nos paraliza, nos deja en puntos suspensivos, nos pone en un perpetuo estado de expectación. Y sí. Lo que más nos importa, aquello que más deseamos, también nos da miedo. Mucho miedo. Y justamente porque no estamos acostumbrados a pensarlo así es que inventamos miles de otros nombres para esa suspensión: cansancio, pereza, estrés, falta de talento.

La persistencia de la memoria. Salvador Dalí. 1931

No solemos pensar mucho en los "miedos positivos". El miedo a lograr nuestros objetivos, a conseguir eso que tanto deseábamos, a ser realmente nosotros mismos. El miedo a que nos amen de verdad y nosotros amar sin reservas, ni mandatos. Creo que esa es la batalla que hay que empezar a dar. Descubrir cuáles son nuestros miedos positivos y hacerlos a un lado. ¿Acaso sentimos que sin el proyecto de lograr tal o cual cosa dejaremos de ser quienes somos? Enseguida mi cabeza viaja a la Metafísica de Aristóteles, a su distinción entre acto y potencia. Es más fácil ser lo que uno es en potencia. Porque es difícil que el acto la supere en su grandeza. Por eso los mundos posibles que imaginamos y que no contamos a nadie tienen tanto impacto en nuestras vidas. Cargan con toda la fuerza de nuestro deseo, que es implacable, y que llega a nuestros actos generalmente en cuentagotas.
Cuando era chica escribía mucho. Escribía en cualquier lado, en el parque de la casa que dentro de poco tendrá otros dueños, en la plaza, en la escalinata del colegio. En ese momento escribir no me daba miedo. Quizás porque cuando somos chicos la estructura del deseo es otra. Sentía que necesitaba escribir tanto como respirar. Y no me importaba el resultado.
Con el tiempo escribir fue otra cosa. Se convirtió en una mirada, en una forma de vida. Entonces apareció el miedo. El miedo que al principio adoptó el monstruoso disfraz de la ansiedad que por esas maravillas del cuerpo humano supe detectar a tiempo. Algo se aflojó en mí para siempre. Aprendí las virtudes del dios de la lentitud, que tanto añoraba Peter Handke. Solo ahora entiendo por qué los griegos le daban tanta importancia a la vida contemplativa.
Vida contemplativa. Parece un delirio en los tiempos que corren. Pero cada vez me convenzo más de que es ahí donde está nuestro deseo, la fuerza que necesitamos para actuar, para vencer cualquier miedo que tengamos. ¿Suena contradictorio, no? ¿No es acaso la contemplación el refugio perfecto de la potencia? ¿No conspira aún más contra nuestro hacer?
La verdad que no. Porque a diferencia de lo que siempre creímos la contemplación no es una actividad pasiva. Más bien todo lo contrario. Es la que pone nuestros motores en marcha, denunciando lo que no es auténtico en nosotros y que gentilmente podemos invitar a retirarse.
Por eso suelen decir que la mejor forma de vencer un miedo es enfrentarlo. Vivirlo. Para descubrir que en realidad el temor no estaba ahí, si no en otro lugar mucho más bello y cercano.


8 comentarios

  1. Me encanta tu reflexión, relato, rememoración: cada vez mejor tu blog, querida!!!

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  2. uff que lindo post Sofi! cuanta verdad en tus palabras, hace algunos años emprendí ese camino, el de tratar de derribar los miedos, y para mi el silencio y el aprender a estar con uno mismo es el camino que hace posible nuestro cambio y transformacion.
    te mando un beso !!

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    1. ¡Muchas gracias, Vicky! Totalmente de acuerdo con vos. Creo que hay que animarse a batallar los miedos y el silencio y la introspección pueden ser dos armas poderosas. ¡Abrazo!

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  3. Gracias Sofi! Qué lindo es leerte. Hermosas palabras. ❤

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  4. Mi querida Sofilinda, cuánta verdad, sabiduría y belleza hay en tus palabras. Comparto tus ideas, amiga, si somos capaces de enfrentar nuestros temores más profundos, entonces veremos que no eran tan temibles como nos pareció en un comienzo.

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    1. ¡Ay, qué linda sos amiga, mil gracias! ¡Abrazo fuerte derriba-miedos!

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