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LA VIDA NUEVA

Dice mamá que se me nota en la voz. Yo lo noto a la mañana, cuando me miro en el espejo nuevo, cuando abro la ventana del living y entra una luz increíble que bautiza cada rinconcito de la casa. Los libros siguen apilados así nomás, los juguetes se resisten a encontrar un orden definitivo, pero día tras día mi hija y yo nos enfrentamos a la tarea de convertirla en nuestro nuevo hogar. El que nos va a esperar cuando volvamos cansadas del jardín, el que se va a dormir con nosotras cuando, ya entrada la noche, cerremos las persianas y los ojos.


Toda mudanza es la posibilidad de una vida nueva. Estar en otro lugar implica un cambio de rutina, de paisajes, de hábitos. Los primeros días son extraños. Una mezcla de felicidad por lo desconocido, por lo nuevo que comienza, y una cierta nostalgia por la etapa que dejamos atrás, por los rincones que nos habíamos apropiado, por las personas que ya no veremos a diario y que sabemos que vamos a extrañar. Hace una semana que nos mudamos y ya experimento todos estos sentimientos juntos. Supongo que con los días van a ir ordenándose, como los libros en las bibliotecas, los juguetes de mi hija, la ropa del placard y mi colección de teteras que aún no encontraron su espacio. Todo se irá ordenando, por fuera y por dentro. Porque cuando uno se muda toma una particular conciencia de la historia de la que viene. Es como si todos tus objetos hablaran la historia de tu vida, la comentaran en voz alta mientras vos vas y venís acomodando esto acá y aquello allá. Y a veces, en ese coro insospechado, escuchás una nota que te toca profundo, que te hace parar, mirar a tu alrededor, sentarte en el piso. No hace falta dar muchos detalles. Cada uno sabe. Todos lo vivimos alguna vez.
Eso le digo a mamá cuando hablamos de los cambios y pienso en qué sentirá ella, cuando dentro de poco deje la casa en la que vivió los últimos 31 años para empezar una nueva vida. Pienso en lo que ya debe estar sintiendo, en lo que puede y no decir, mientras ve desfilar los objetos que se van despidiendo de la casa y de ella. 
Quizás por eso me costó escribir estos últimos días. Porque vivo dos mudanzas al mismo tiempo. La propia y la de mis padres. La de mi vida actual y la de mi vida hasta los 24 años. Pronto tendré que definir qué haré con todas las cajas que guardo de mi infancia y que estaban allá, en la casa grande. Porque toda mudanza es la posibilidad de una vida nueva. Y también la clara ceremonia del adiós.   

4 comentarios

  1. Sofi querida, qué lindo lo que decís. Es cierto, una mudanza siempre se lleva una parte nuestra pero, asimismo, nos abre el camino hacia una nueva vida ❤️❤️

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    1. Así es, querida amiga. Y no hay nada mejor que estar abierto a las nuevas aventuras de la vida.

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  2. Que cierto lo de los cambios y las mudanzas... hay que levantarse cada día reinventándose para afrontar esos cambios, yo hace 2 años y medio que lo hago, también como vos, con mi hija de 8 años. Me sentí muy identificada con tus palabras. Gracias por expresarte!

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    1. Muchas gracias Andrea por tus hermosas palabras. Así es, a seguir disfrutando los cambios con nuestras hijas, que nos dan la fuerza para enfrentar todas las peripecias del camino. ¡Abrazo grande y feliz año!

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