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EL ÁNGEL DE LA CASA

El 21 de enero de 1931, en una helada jornada londinense, Virginia Woolf dio una conferencia en la Sociedad Nacional de Servicio para las Mujeres. La habían invitado a participar de un ciclo sobre las profesiones de la mujer para que comentara la suya propia: la literatura. Virginia sabía muy bien que escribir es un trabajo, un oficio que se aprende con la práctica, venciendo el horror de la hoja en blanco y los fantasmas que esconden las palabras.

Virginia Woolf, 1931
Empezó hablando de Jane Austen, Fanny Burney, George Eliot. Aquellas mujeres que "regularon sus pasos", "suavizando su camino". Dijo que una de las razones por las cuales las mujeres escriben es porque es barato: el papel es barato, la pluma lo sería entonces. Dijo también que cuando comenzó a escribir reseñas de libros tuvo que enfrentarse a una figura terrible, entrar en una batalla de vida y muerte y desarrollar todas las estrategias necesarias para vencerla. Esa figura era el Ángel de la Casa.
El Ángel de la Casa es el fantasma de cualquier mujer que quiera escribir. Es ella la que se interpone entre las manos de una escritora y el papel. Es ella con su simpatía y encanto, con su carencia total de egoísmo y su vivir para el otro, con sus sacrificios por la vida familiar y su completa pureza. Es ella, continuó Virginia en su conferencia, a quien tuvo que matar para poder escribir, para poder sobrevivir. La pelea, nos dijo, fue ardua. Una y otra vez tuvo que agarrarla del cuello, ese cuello siempre delicado y perfumado; tuvo que empujarla y hacerla tropezar con su pollera siempre impecable y nunca demasiado corta. Las alas del Ángel de la Casa cayeron sobre el papel en blanco. Matarla, anunció Virginia, es parte de la ocupación de una mujer que escribe.

Primeras ediciones 
La conferencia continúa. Podemos imaginar la cara estupefacta de los oyentes, la mandíbula estirada del viejo canoso que la mira desde el costado derecho de la sala. Las sonrisas cómplices de las jóvenes que, a pesar del frío, acudieron ese día al encuentro. Los libros que aparecen más arriba no existirían si Virginia Woolf no hubiese ganado la batalla contra el Ángel de la Casa.
Nosotras, las mujeres que tratamos de escribir, sabemos que Virginia tenía razón. Que ese Ángel existe y que se nos presenta a todas, en cada momento. También sabemos que somos más fuertes de lo que pensamos y que su muerte no nos hace peores personas, ni peores madres, ni peores esposas. Nosotras lo sabemos. Algunos de ellos también lo saben.
Pero no lo saben todos. Y por eso el Ángel de la Casa resucita una y otra vez en la vida de las mujeres. Entonces hay que dar de nuevo la batalla, para evitar las muertes reales que reclamamos en la plaza, la falta de libertad que nos ata las manos y nos atrofia el cuerpo. Todo eso, como aprendimos de Woolf, no es sólo para escribir. Es, fundamentalmente, un acto de supervivencia.  

Virginia Woolf, smoking
Foto por Gisele Freund, 1939



      

2 comentarios

  1. El Angel de la Casa ! Era todo x culpa de él ..! Gracias Sofia x identificar a ese fantasma q nos hace abortar tantos proyectos. Hoy mismo , después de leerte, acudiré a este poderoso ensayo de VW y acto seguido empezaré a ponerle a ese demonio una gotita de veneno x día ;)

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    1. ¡Claro! Hay que salir a espantarlo como hacía Virginia, sin miedo a agarrarlo directamente del cuello. Es el Ángel o una. Y creo que la decisión ya está tomada. ¡Abrazo grande, María!

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