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BLOOMSDAY O EL AMOR EN PALABRAS

Las calles de Dublín están de fiesta. Hombres y mujeres vestidos según la moda eduardiana en pleno siglo XXI. Sombreros, libros y sombrillas que se juntan para homenajear a una de las novelas más importantes del siglo pasado: el Ulises, de James Joyce. La celebración (que se conoce como Bloomsday en homenaje al protagonista de la historia, Leopold Bloom) dura una semana entera y convoca a lectores de todo el mundo.

Marilyn Monroe leyendo el Ulises
La novela de Joyce narra los acontecimientos vividos por Leopold Bloom el 16 de junio de 1922, desde su desayuno a las 8 de la mañana hasta la madrugada del día siguiente. Uno de los hábitos de los amantes de la literatura que participan del Bloomsday es encontrarse temprano a desayunar exactamente lo mismo que Leopold en la novela, para luego continuar el itinerario del personaje en uno de los días más famosos de la literatura universal.


Joyce no eligió el 16 de junio por azar. Ese fue el día en que tuvo la primera cita con quien luego sería su mujer y madre de sus hijos, Nora Barnacle. Si bien en la novela Molly (la mujer de Leopold) le es infiel, el amor es un condimento fundamental de la historia. Pensemos que estamos a comienzos del XX, la vida moderna traía consigo cambios en la ciudad y en las relaciones humanas. Joyce lo sabía y por eso escribió una novela que, si bien está plagada de referencias simbólicas y literarias que dificultan muchas veces su lectura, bucea en las profundidades de la consciencia humana, en sus infinitos senderos que se bifurcan como las callecitas de Dublín bajo los zapatos de Leopold.
Por eso es que, más allá de la conmemoración, los disfraces eduardianos y el fanatismo que también puede provocar la literatura, Bloomsday celebra el amor. El amor por una mujer, cuyo primer encuentro se inmortalizó en palabras (están publicadas las cartas de Joyce a Nora, cargadas de erotismo y amor pasional); el amor por la escritura y, por supuesto, la literatura toda; el amor por la ciudad natal, pues aunque Joyce se exiliara de ella con tan sólo 22 años, Dublín siempre estuvo en su corazón y, por suerte para nosotros, en su pluma.

James Joyce y Nora Barnacle el día de su casamiento, 1909.

 

2 comentarios

  1. Muy, muy lindo Sofi el post: tu blog es una joya. Felicitaciones y besos

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    1. Ayyy, muchas gracias Cris!! Qué bueno que te haya gustado. Abrazo grande y a seguir celebrando el amor!!

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