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TRAS LOS PASOS DEL CONEJO BLANCO

Hay un mundo inspirado en Alicia, esa niña rubia y curiosa capaz de llorar tanto que sus lágrimas forman un mar entero. Un mundo donde se sueña con los ojos abiertos y el despertar no es más que un cambiarse de lentes para enfrentar los colores del día. Hablo del mundo de Belinda Téllez, quien con sus fotos nos ficcionaliza, nos sumerge en un cuento fantástico, nos convierte en una especie de hada que todavía no ha descubierto sus poderes. O de princesa olvidada.



Cuando era chica, nos cuenta Belinda en su blog, solía memorizar pasajes enteros de Alicia en el País de las Maravillas. Esas imágenes no sólo deben haberse quedado guardadas en su memoria, sino que la deben haber formado, pintado, poetizado. Ellas conforman, para usar una expresión que le pertenece, un "realismo poético". Y es cierto. Porque no hay nada más real que aquello que la poesía atesora. Esa verdad que trasciende cualquier imagen, cualquier palabra, cualquier lenguaje.
La fotografía de Belinda provoca metamorfosis, nos deviene-animal (como le gustaría decir a Gilles Deleuze), nos hace pensar que detrás de todas las máscaras que usamos en nuestra vida cotidiana está la carita de una niña pequeña, que juega mirándose en el espejo del tocador de su madre y sabe que nunca será ella.




No sé mucho de la vida de Belinda. No he querido preguntarle. Sé por su blog que ha estado en Buenos Aires, aunque nació en Venezuela y le encanta volver a Mérida y recordar el helado de durazno que comió alguna vez en Berlín. No he querido preguntarle nada porque así Belinda sigue viviendo en esa región de mi cabeza que se resiste a distinguir lo real de lo imaginario. Así puedo seguir espiando a Belinda mientras camina por París bajo la lluvia (aunque no sé si alguna vez estuvo en París y de eso se trata), del brazo de un tal Oliveira y ella tan parecida a la Maga. A esa Maga que existe en mi cabeza, más allá de Rayuela y de Cortázar y de todos los libros que ella y yo disfrutaríamos comentando. Porque aunque no la conozca y no sepa mucho de ella, BeliLaBelle es mi amiga imaginaria. Y me contento con pensar que, además del mundo maravilloso que nos regala, también existe. 



*Todas las fotos de este post pertenecen a Belinda Téllez. Muchísimas gracias Belinda por permitirme compartirlas. 



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