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EL DESCONOCIDO DE SÍ MISMO

Le robo el título a Octavio Paz. Se lo robo descaradamente porque no es fácil escribir sobre Fernando Pessoa. ¿Cómo es posible decir algo acerca de una figura múltiple? Fernando Pessoa es también Alberto Caeiro, Álvaro de Campos, Ricardo Reis, Bernardo Soares y otros tantos autores ficticios. Ni siquiera podemos hablar de un tal "Fernando Pessoa, él mismo" porque ese también vive en esa extraña región de la ficción que, intempestivamente, irrumpe en la realidad desarmándola, señalándonos sus costuras, su falsa naturaleza. La ficción y la realidad, escribió Enrique Vila-Matas, son como dos viejos cónyuges que comentan a dúo el mundo. Y Pessoa lo sabía muy bien.

Fernando Pessoa, por Almada Negreiros

El niño cuyo apellido significa "persona" (o "máscara" para los antiguos actores romanos) nació en Lisboa en 1888. Cuando su madre viuda volvió a casarse se trasladó a África del Sur, donde estudió en un colegio bilingüe. Años más tarde regresó a Lisboa, consiguió trabajo en la oficina de correos y un 8 de marzo de 1914 ocurrió lo que el poeta llamó "su día triunfal". De pie, como le gustaba escribir, Pessoa redactó treinta y tantos poemas uno a continuación del otro. Y con ellos aclamó el nacimiento de su maestro, Alberto Caeiro: su principal heterónimo. 


Inmediatamente, como en un contrapunto musical, aparecieron los otros. En una carta fundamental, Pessoa le confesó a un amigo su "tendencia a crear un mundo igual a este pero con otras personas". Lejos de ser un mero producto de la imaginación, Pessoa los sentía tan reales como sí mismo. Podía verlos, escucharlos, sentirlos. Dicen los expertos que llegó a crear 136 autores ficticios, cada uno con su propia biografía, caligrafía, experiencia de vida. Escribió en portugués, inglés y francés. Pero luego de su juventud en África, Pessoa nunca más abandonó Lisboa. Se encomendó a la ardua tarea, podríamos decir volviendo a Paz, de desconocerse a sí mismo, de desporsonalizarse tanto que sus propios amigos temían darse vuelta cuando lo despedían, por miedo a verlo desaparecer.


Fernando Pessoa no sólo nos dejó su maravillosa obra poética: obra que aún se sigue descubriendo en un viejo baúl repleto de manuscritos o, como prefirió llamarlo Antonio Tabucchi, "un baúl lleno de gente". Pessoa nos dejó también una multiplicidad de miradas sobre el mundo y la condición humana y, sobre todo, esa extraña paradoja que esconde la heteronimia: a veces es necesario desconocerse a uno mismo para saber realmente quiénes somos.  

  

2 comentarios

  1. Que linda la entrada sobre Pessoa. No sabía q escribía parado ni que hubiera escrito de un tirón los poemas que luego encontraron a su autor :) Treinta poemas en busca de un autor !!!! Q bueno q apareció Alberto Caeiro :) !

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    1. ¡Así es, María! Y por suerte lo encontraron, ¡para delicia nuestra! ¡Besos y gracias por tus palabras!

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