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Sobre Los enamorados, de Alfred Hayes

29.4.13

Dice Matías Capelli, en una reseña sobre esta misma novela, que bien podría ser un cuadro de Edward Hopper. Y es cierto. O una película de Wim Wenders, agrego (pienso en la escena del bar en Las alas del deseo).  Pero nada es casual. Wenders mismo nos ha contado sobre la influencia de Hopper en su estética cinematográfica. Esta alusión al cine no es ajena a la propia trayectoria de Hayes, conocido también como guionista de Hollywood, colaborador de Fritz Lang y Nicholas Ray, entre otros. En todo momento me pareció estar viendo la historia de ese joven escritor y su hermosa novia.

El uso extraordinario de la primera persona ayuda a que nos sintamos testigos permanentes de lo que sucede entre los dos. Esos comentarios entre paréntesis, que nos acercan a la intimidad del narrador, como si tuviéramos un acceso privilegiado a sus pensamientos o confesiones:

Entonces miró hacia fuera por la ventanilla y vio los copos de nieve que caían y giraban y las fachadas oscuras de los negocios, bien cerrados contra la noche, y dijo (era la única frase que yo también recordaba, había olvidado muchas cosas pero recordaba aquella frase trunca) ¿no es hermoso a veces?, y yo le pregunté qué era hermoso a veces, y ella dijo: la nieve y todo lo demás.     

En la página siguiente a la que acabo de citar, cuando el protagonista piensa en su futuro como escritor, una imagen terrible sirve de ejemplo para el impacto visual (inesperado, quizás, por el tono en que transcurría el relato) que nos ofrece Hayes:

Las ideas, engañosamente claras, aparecerían en el aire seco y yo las perseguía esperanzado, para encontrar el abrevadero evaporado y las palmeras muertas; las tramas, que parecían fáciles de manejar, existían fugazmente y después se desvanecían; y entonces me invadía el temor secreto de que tal vez hubiera llegado al final de lo que tenía: de que el hacha, suspendida durante tanto tiempo sobre mí, hubiera caído: ahí estaba mi cabeza, en la cesta del fracaso. 

Esas imágenes a lo Hopper, el frío de una soledad compartida (como esa noche que, buscando una reconciliación, no les queda otra que alojarse en un hotel de Atlantic City; y él tiene las manos frías sobre el volante del auto y ella lleva puesto un abrigo de piel) pintan la historia de un color indescifrable, como si toda historia de amor estuviera necesariamente (y tal vez sea así) teñida de irrealidad.

Me pregunto qué música podría parecerse a esta novela y escucho una melodía lejana, que funciona perfecto. No la reconozco. La melodía se repite varias veces y me asusto. ¿Está en mi cabeza? Me acerco a la ventana de la cocina, la abro y escucho que viene de la casa de algún vecino. Vuelvo a la computadora y pienso, mientras escribo, que solo de la irrupción de estas irrealidades, es que cobra su sentido más profundo y atractivo lo real.  

Hayes


Edward Hopper, Nighthawks, 1942



   


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Un día con Marina Abramovic y Sylvia Plath

26.4.13

Pasa el tiempo y sigo pensando en ese día. En lo que sentí cuando salí de la sala del cine, después de ver el documental sobre Marina Abramovic, The Artist is Present; el haberme quedado sin palabras, el peso de mis manos, de mis piernas. No conocía la obra de Abramovic, tan agresiva y espiritual al mismo tiempo. Me costó un rato volver a mí, a esa tarde soleada, a la conversación con mi amiga que estaba tan afectada como yo. Unas horas más tarde hacíamos fila para entrar a ver Luzazul, una ópera de Marcelo Delgado y Emilio García Wehbi basada en el poema Tres mujeres de Sylvia Plath. Bajamos las escaleras del Centro de Experimentación del Teatro Colón y lo primero que vi fue el horno, en el medio de la escena, y supe que no saldría igual de ese día. Por momentos, durante la función, me faltaba el aire. Se me mezclaban escenas de las performances de Abramovic, su particular apropiación del cuerpo, con lo que estaba viendo, más las fotografías de Sylvia Plath que viajaban sin permiso por mi cabeza y las imágenes de La campana de cristal, que irrumpían en cada momento. 
La función terminó. Sólo quería salir corriendo, como si pudiera escaparme de mi propio cuerpo. Dejarlo ahí, colgado en el respaldo de la silla, y volver a buscarlo más tarde. Pero no. Una fuerza interna me hizo levantar de golpe, enderezarme, caminar hacia la puerta y volver a respirar.

  

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Mis problemas con la ficción

9.4.13

Hace unos años que estudio "el problema de la ficción" desde una perspectiva filosófica. Hoy, que estuve toda la tarde sumergida en lecturas varias sobre el asunto, me di cuenta de que lo que más me angustia no es "el problema" sino más bien "mis problemas" con la ficción. Es cierto, está el problema de la referencia, de la verdad, la paradoja de la ficción y cuanto nombre técnico quieran ponerle. ¿Pero qué significa todo eso para mí? ¿Por qué elegí este tema y no cualquier otro? ¿Qué pretendo demostrar a través de la teoría, que no pueda expresar en un cuento o una novela (si me animara a escribirla)? Muchos debemos pasar por esto. Me conformo con pensar que por lo menos estoy realmente sumergida en mi tema de investigación. De eso dan fe la espalda dura, los ojos rojos y una sensación de irrealidad total, indescriptible. O no. Creo que se parece al estar dopada. Exacto. Como cuando tomo varias pastillas para dormir en el avión y me levanto al baño. Voy caminando por ese pasillito estrecho que nos toca a los turistas como si caminara en la frontera entre la realidad y la ficción. Justamente.


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La mujer y sus dobles: Francesca Woodman (1958 - 1981)

4.4.13

No llegó a cumplir 23 años. Ya había intentado suicidarse, pero no lo había logrado. Esta vez sí. Se acercó a la ventana. Acaso habrá mirado Nueva York por última vez. Las cosas no le salían como ella quería. No le habían dado la beca, sus relaciones no le daban lo que esperaba. Pero no hay claves, no se puede descifrar su decisión. Disparó en un salto su vida, como disparaba la cámara a través de la cual la veía. Esas mujeres y sus dobles. Ella misma, multiplicada en otras, en sombras, en árboles, en imágenes, en vestidos.
Nos dejó sus fotografías, sus diarios, sus videos experimentales. Su intensidad. Y ese vuelo de pájaro negro.














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