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RECUERDOS UN DOMINGO

6.5.18

Empecé a escribir a los 8 años. Todavía conservo alguna hojita suelta tipeada en la máquina de escribir Hermes Baby color naranja. Esa máquina está ahora en casa, debajo de la lámina de Tamara de Lempicka, una pintora que descubrí una tarde lluviosa en Londres, cuando tenía 19 años. Poco tiempo después abandoné la Hermes por una Commodore y empecé a escribir en ese rinconcito al lado de la ventana, en la sala de estudio. Era un ambiente chiquito, cerrado por una mampara de vidrio con puerta corrediza. Había una biblioteca con libros de matemáticas de mi hermano. Libros que nunca entendí. Los miraba y guardaba con un cuidado extremo. No quería que notaran mi intrusión, menos mi ignorancia.

Mujer con vestido verde (1930)
Tamara de Lempicka (1898 - 1980) 
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UNA VOZ PROPIA: AGUSTINA FERNÁNDEZ

21.4.18

Agustina habla y la voz se le quiebra, carraspea, brilla, se le escapa. Sin embargo, su "voz ronquita", como cuenta que le dijo la poeta Hebe Uhart, se adhiere a la memoria y no hace falta que encienda el grabador para recordarla. A los 25 años, fascinada por los personajes femeninos fuertes, decidió lanzar GATA FLORA, una revista de vanguardia cultural pensada para mujeres. Desde entonces su voz se multiplicó, tomó vuelo propio y dio visibilidad a muchas otras voces.

Retrato de Agustina por Sol Levinas
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PLACE DE LA FOLIE CUMPLE 5 AÑOS

4.4.18

Hoy se cumplen 5 años desde el primer post que escribí en Place de la Folie. Me acuerdo perfectamente de ese día. Estaba fascinada (y lo sigo estando) por la fotografía de Francesca Woodman y acababa de ver un documental sobre ella y su familia que me había impactado (para quienes lo quieran ver, se los dejo aquí abajo). Cada vez que pensaba en ella se me aparecía la imagen de un pájaro negro. Y le dediqué ese primer post, con algunas de sus intensas y maravillosas fotografías.

Detalle de la portada de Place de la Folie by Gabriela Regina
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VISAGES VILLAGES

1.4.18

Agnès Varda y JR van de visita a la casa de Godard. Agnès le lleva de regalo una bolsita de sus pastelitos favoritos y la ilusión de ver a su viejo amigo. Pero Jean-Luc no abre la puerta. Le ha dejado una nota en el vidrio. Algo que remueve el corazón de Agnès y sus ojos se llenan de lágrimas. JR ya no conocerá a Jean-Luc. Ni Jean-Luc conocerá a JR. Eso dice Agnès mientras se alejan de la casa. La bolsa de pastelitos queda enganchada al picaporte.

Agnès Varda
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